Hace poco tuve la oportunidad de hablar con los agentes del grupo de delitos tecnológicos de la Policía Nacional, aquí en Córdoba, para hacer un reportaje sobre la delincuenta en internet.
Una de las cosas en la que insistieron los policías fue que, si bien internet abre nuevas posibilidades y amplía el campo de acción, los delitos --desde las estafas a la pornografía infantil-- son tan viejos como la humanidad.
Hoy mismo el periódico abre con que tres jóvenes han sido detenidos por amenazar y grabar con un móvil a una menor en pleno acto sexual, solo un par de días después de la noticia que ha conmocionado a toda la provincia, la de los jóvenes de Lucena que han matado a un mendigo para grabar su hazaña y colgarla en internet.
Abuso sexual y asesinato. Hechos deleznables en si mismos, y no porque luego se grabasen y se difundiesen en internet ( o eso pretendían sus autores). Afortunadamente ya nadie demoniza las nuevas tecnologías como origen del problema. Ninguno de los artículos que he leído estos días pasa de largo sobre esa cuestión, pero todos apuntan más a otros problemas de fondo.
Es posible que, como dice hoy --también en el Córdoba-- el Defensor del Pueblo andaluz, "ha pasado el tiempo de pensar que estos son hechos aislados", en referencia a la "moda terrible" de grabar palizas y otras humillaciones para luego colgarlas en la red.
Pero el problema --insisto-- no es que luego se cuelguen en internet, el problema son las palizas, los abusos...
¿O es que la posibilidad de grabarlos y colgarlos está haciendo que aumenten? Si eso es así --aquí hay materia de estudio para psicólogos y sociólogos--, la solución no pasa por eliminar los móviles, más que nada porque es una tarea que a estas alturas parece más que imposible; la solución más bien debería pasar por educar a los chavales.
Aunque, para ser sincero, si bien su conocimiento público es mayor debido a la repercusión en los medios de este tipo de delitos, yo sigo creyendo que se trata de casos aislados, o al menos de individuos, sanos o cuerdos, que no representan con sus acciones, ni muchísimo menos, las cosas que hacen la mayoría de los jóvenes, con móvil o sin móvil.